Hablar de valores en una sociedad como la actual, tan competitiva y materialista es muy complejo. En esta sociedad predomina más el individualismo que el bien común, el poder y el prestigio más que la solidaridad y la igualdad.

Partiendo de las premisas anteriores, se hace aún más importante la figura del entrenador, para a través de las actividades deportivas fomentar determinados valores sociales y personales, más aún si cabe en nuestra juventud; el papel de reforzamiento que podemos hacer es fundamental.

El espíritu de igualdad, justicia, tolerancia y realización personal es lo que tenemos que transmitir como valores fundamentales.

Existen agentes externos que hacen que la tarea de transmitir valores sea aún más ardua. Dicho de otra manera, los jóvenes reciben influencia de todo tipo, a través de la opinión pública, de los medios de comunicación, de grupos de presión, de las nuevas tecnologías (internet), del ambiente escolar y familiar. Unas aportan al individuo valores positivos, otros los devalúa.

Los niños absorben valores principalmente a través de la observación, por lo que nuestras medidas de fomentar dichos valores deben ser activas, partiendo de ella y con ellos.

Tenemos el objetivo no sólo de enseñarles las técnicas, tácticas, sino además que el individuo se configure como persona.

El deporte con niños no tiene límites, y con ello podemos y tenemos la obligación de enseñar los valores culturales que rigen a la actividad deportiva como uno de los elementos más importantes para conservar la identidad cultural y el respeto a las demás culturas como un derecho intrínseco de los seres humanos así como un medio para formarnos como personas. Hay que hacer que los niños por sí mismo reflexionen sobre lo que en realidad significa el deporte y lo que este aporta a nuestra sociedad y a ellos mismos.

Habría dos conceptos claves en todo el proceso: TOLERANCIA Y RESPETO. Lógicamente, nuestra misión es dar contenido a estos dos términos, que deben estar afianzados o apoyados desde otras esferas, tanto familiar, escolar,…, debe entenderse como un nexo de conexión, una interrelación, como un todo.

Todo lo dicho hasta ahora sería pura retórica, porque lo que nos encontramos en el día a día es cosa bien distinta: el mercado ha entrado en las edades más tempranas de la práctica deportiva, convirtiendo a los niños en profesionales de corta edad; algunos de sus padres ven en esto una vía de mejora de la economía doméstica antes que una oportunidad más para la formación del joven, y no pocos mal llamados entrenadores o delegados de clubes forman parte de esa maraña de ojeadores que los agentes tienen en cada pueblo o barrio.

Todos debemos concienciarnos en la erradicación de la violencia y el momento de los valores antes mencionados no sólo en los terrenos de juego, sino con los padres, aficionados o entrenadores, que son los protagonistas directos del juego pero deberían ser los principales transmisores de estos valores de convivencia.

En definitiva, el deporte por sí sólo no educa: son los profesores y entrenadores, y los padres y madres principalmente, los responsables de que esto suceda y, por lo tanto, su coordinación es fundamental.

En las líneas siguientes voy a plasmar la importancia de los padres en la transmisión de valores, dejándonos a nosotros la labor de afianzar directamente dichos valores preestablecidos en el ámbito familiar.

Lo primero que hay que transmitir como padres es que lo más importante en el deporte base es DISFRUTAR, significado que para la gran mayoría de ellos carece de significado.

Por tanto, los padres deben entender que tienen que ser una ayuda para sus hijos y no una fuente de problemas.

No es raro encontrar en los partidos algunos padres con unas actitudes totalmente inadecuadas, como:

  • durante el partido los padres protestan la acción o decisión del colegiado. De este modo, el niño aprende que a éstas personas se les puede gritar, faltar el respeto, insultarles si no nos gusta su decisión…, son estas actitudes «ganar» se convierte en lo importante.
  • si el padre culpa a los árbitros de la derrota, el niño aprenderá a eludir la responsabilidad y verá que lo principal es ganar.
  • el padre/madre cuestionan las decisiones del entrenador y además lo hacen por sistema. En estos casos, el niño se encuentra con un dilema: no sabrá si hacer caso a su padre o a su entrenador. Esa presión puede hacer que el niño se desmotive y muy probablemente abandone el deporte.
  • los padres insultan, gritan o molestan al rival y el niño aprenderá a no respetar al adversario.

Como puede comprobarse, no es nada fácil transmitir valores a los jóvenes si no se tiene un patrón de observación adecuado, partiendo de la base de que para la transmisión sea efectiva debe ser trabajada desde todos los ámbitos, y todos debemos estar en conexión y coordinados. Una descoordinación  podría producir titubeos en el niño, rompiéndose los esquemas previstos inicialmente para tal fin.