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En algunas de mis ponencias sobre este tema, en el cual siempre se intenta que compartan espacio padres/madres/tutores con jugadores y jugadoras, el debate y las sonrisas con miradas cómplices o menos cómplices de hijos a padres hacen denotar que se identificaban con algunos de los tipos de conductas que se producían por parte de sus tutores.

A quién no le suena este texto:

“Me siento triste cuando mi padre me regaña después del partido. Me dice que no he jugado con intensidad, que así no seré nunca un jugador de Primera División, que fallo en los pases porque me falta concentración. Y mi madre le apoya. Dice que juego como si no me importara ganar. También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome del fútbol. A mí me gusta jugar al fútbol, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de gol, estar con amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder, porque eso es lo que nos dice el míster. Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la banda, me dirá que me mueva, que espabile, y a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va el balón. Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto. Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar”. 

Fdo. Cualquier niñ@

Quizás con esa reflexión haya acabado este artículo, pero desgraciadamente, hay muchos tipos de tutores y, no todos son iguales, cada uno referencia un tipo de actitud y siempre no tiene porque ser negativa, hay acciones positivas en este tipo de relaciones, aunque menos, ya que la frustración del padre de no llegar en su momento a jugar en la élite hace que su pupilo haga lo que él no pudo hacer y mal aconsejarlo en lo que él cree que falló en su etapa anterior, en un deporte donde triunfa un porcentaje muy ínfimo de los practicantes a este deporte.

En muchas de las ocasiones provocan, inconscientemente, problemas de relación entre compañeros, y en otros casos los afianzan, aunque esta son las menos, porque el jugador suele caer en las “garras” del tutor y ver que no puede fallar, en un claro error de educación deportiva. El fútbol es una escuela y, por tanto, tiene la misma estructura que cualquier colegio o instituto. No imagino a un tutor diciéndole a su hijo cómo debe comportarse en clase de matemáticas o geografía, y mucho menos, corrigiendo al profesor en sus clases, sería algo impensable y hasta penado.

La clave de todo este proceso es la siguiente:

-ACOMPÁÑALES A JUGAR, NO LE OBLIGUES A GANAR.

Hay tutores que nunca están conforme con el entrenador, sus hijos o el árbitro y siempre hay una razón/sinrazón para echarles en cara delante de toda la grada cosas de este estilo, incluso a sus propios hijos, haciendo que cada día de entreno y de partido sea un suplicio y, estos son algunos ejemplos de lo que se suele oír por las gradas, independientemente del sexo y edad del espectador, aunque por desgracia hay muchos más:

-¡Míster! A ver si sacas más a mi hijo!

-A ver si te esfuerzas más.  Así no vas a llegar a ningún lado.

-¿¡Pero qué pitas, desgraciado!?

-¡Eres el mejor del equipo! ¡Un crack! ¡Ni Messi ni Ronaldo!

-“Fulanito” es un chupón. No os deja jugar a los demás.

Los principales agentes en la formación deportiva de los jugadores son, entre otros: los tutores (padres/madre/abuelos,….), entrenadores y compañeros. Habrían otros agentes pero vamos a centrarnos en la importancia de los tutores como agentes en todo este proceso deportivo de sus hijos.

Los tutores, pueden actuar de forma positiva o negativa, en el siguiente gráfico podéis ver el concepto e influencias de cada parte de ellas, para que sea más fácil para el lector:

 

¿Después de ver, leer y analizar las influencias positivas y negativas que podemos trasladarles a nuestros hijos, donde estaría la clave de todo ese proceso? La simbiosis entre ambas:

Una vez visto esta introducción, nos toca preguntarnos qué tipo de padres somos respecto a nuestros hijos. Seguramente, por el ego, algunos tutores se sentirán identificados con alguna de ellas pero no las reconocerá y/o buscará la que más se amolde a su objetivo respecto al jugador, flaco favor el que le está haciendo al niño, engañándolo y engañándose él, en lugar de rectificar a tiempo y disfrutar de un deporte tan bonito que se llama fútbol, donde hay una figura que sin duda alguna, es la maltratada por todas las iras, se equivoquen o acierten, porque siempre se equivoca para la grada, por tanto, al banquillo y, por extensión, a los jugadores, que no es otro que el ARBITRO, esa figura que sin ella se acabaría el fútbol.

Tipos de padres que nos podemos encontrar en este espectro llamado fútbol:

  • El padre taxista: Acompaña a su hijo, le deja en el entrenamiento, le recoge. Suele ser un padre al que los deportes le gustan bastante poco, pero le interesa que su hijo sea feliz.
  • Padres excesivamente protectores. Son especialmente madres pero también hay padres. Están muy encima de su hijo preocupados de que no le pase nada. Le prepara la ropa de entrenamiento en lugar de responsabilizarle de sus cosas. En los partidos, acude corriendo cuando se hace daño y utiliza siempre todo su ingenio para salvaguardar a su hijo de cualquier situación desagradable. Convierten a sus hijos en deportistas blandos, inmaduros y despistados.Es un tipo de padre bastante frecuente en los campos de fútbol y que hace mucho daño al niño sin darse cuenta de las consecuencias que tiene su forma de actuar.
  • El padre positivo: Anima, refuerza, se preocupa por cómo han ido los partidos. Le transmite entusiasmo sin presión. Felicita al chaval por el mero hecho de jugar y entrenar.
  • Padres desinteresados: Son aquellos que no muestran mucho interés por la práctica deportiva de sus hijos. No valoran lo mucho que puede enriquecer a su hijo una actividad de este tipo y no colaboran lo suficiente. Si pueden, hacen que el niño se desplace con unos amigos que también van al fútbol. No saben ni quién es su entrenador, ni conoce a los compañeros de su hijo. Les da igual que haga fútbol, violín y maracas. Lo que pretenden es tenerlo ocupado en su tiempo libre y quizá, de esta forma, tener tiempo para uno mismo.
  • El padre involucrado.
    Le gusta participar en las decisiones y propuestas del club.

    • Se interesa por la formación de los chavales o porque el centro obtenga ingresos.
    • Este tipo de padres son activos en la divulgación de valores en el club y participan con cualquier acción que pueda mejorarlo.
  • El padre pesado
    • Se pasa todo el día hablando de lo bien que juega, nada o corre su hijo y de que apunta maneras.
    • No presiona directamente al niño, pero sin querer le traslada que su valor como chaval está en el juego.
  • El padre entrenador:
    • Grita directrices desde la banda, corrige a su hijo cuando se monta en el coche, incluso contradiciendo las indicaciones del entrenador.
    • Genera confusión en el niño, que por un lado tiene una idea de juego que el profesional trata de inculcarle, y por otro, la versión de su padre o madre. En deportes como la natación, este padre está en la grada paseando de punta a punta de la piscina, cronómetro en mano, midiendo tiempos y apuntando en una libreta.
    • No es de recibo crear presión en el niño con distintos mensajes. ¿A quién cree que debería obedecer su hijo?

  • El padre que se cree Cholo Simeone
    • Trata de motivar, transmitir garra, le pide al hijo que se entregue, que se esfuerce, que se deje la piel en la cancha, que trabaje, que compita como si se le fuera la vida en ello.
    • Pero olvida algo muy importante: ni su hijo es un jugador de Primera División que tenga que ganarse la vida jugando ni él es el entrenador del Atlético de Madrid.
    • Solo consigue que su hijo pierda de vista los valores que le transmite el club, donde normalmente prevalece la generosidad por encima de la individualidad, disfrutar y aprender por encima de los resultados, y el juego limpio por encima de competir a cualquier precio.
  • El padre que resta en todos los sentidos:
    • Da gritos desde la grada,
    • Desacredita al míster,
    • Le dice a su hijo que no entiende por qué él no juega cuando sus compañeros son peores que él,
    • Se comporta de forma grosera con el rival,
    • Insulta al árbitro y otras impertinencias más.
    • Es el padre del que cualquier hijo se sentiría avergonzado.

Siempre hay una excusa cuando se pierde o cuando se gana y no tiene los minutos suficientes para ellos. Hay cientos de decálogos en las instalaciones deportivas que los tutores ven todos los días que van al centro deportivo, pero una cosa es ver y otra es leer y otra muy distinta LEER Y PONERLO EN PRÁCTICA.  Seguro que todos hemos visto este en alguna ocasión, aunque reitero, que hay muchos más.

Hay dos frases célebres que claves en todo este proceso y ninguno de ellos se dedican al bello deporte del fútbol, solo Biondi se dedica al deporte: nadador.

“Habla cuando estés enfadado y harás el mejor discurso que tengas que lamentar”,Ambrose Bierce

«Disfruta del viaje, y deja de preocuparte por la victoria y la derrota”,Matt Biondi

Aunque podríamos hablar de este tema tanto como para escribir un libro, no quiero extenderme más, pero si terminar mi artículo con una carta que cada vez que la leo y la oigo se me remueve el alma.

Y recuerde:

¡Usted es su padre, no su entrenador!

 

 

 

Dos equipos con un sistema táctico de inicio de 1-4-3-3, que salían a por el partido, con una presión alta en zona de finalización e impedir la salida de balón cómoda del rival.

Luis Enrique hizo cambios en el 11 inicial a pesar de la victoria en Wembley ante Inglaterra por 1-2 y dejó fuera a Thiago, Aspas y Marcos Alonso, y dio entrada a Asensio, Ceballos y Gayá, demostrando que la prioridad es hacer daño al rival y escogiendo hombres que sepan adaptarse a las necesidades del rival y así neutralizarlo.

Cierto es que España sigue teniendo problemas en la salida de balón cuando los equipos rivales presionan y ayer lo dejó patente. No hay claridad de ideas, pese al resultado de 6-0, y llevar el balón a campo rival, donde le gusta jugar a Luis Enrique, fue complicado ante la presión de Croacia, con malas decisiones que hicieron que la meta defendida por De Gea peligrara.

El cambio en el lateral izquierdo sirvió para darle más profundidad en ataque, con un Gayá con mucha más profundidad que Marcos Alonso, buscando la sorpresa junto a Isco y la contundencia de Saúl, que de nuevo hizo un partido soberbio en defensa y en ataque. Pero lo que funcionó fue la banda derecha, con un Carvajal muy vertical, con Ceballos y Asensio por delante, que puso en muchos problemas a la zaga croata. Asensio fue el mejor del partido, lo colocó el técnico a banda cambiada para salir por dentro y así darle cabida a las internadas del lateral Carvajal y con un Ceballos por detrás en zona de caída y, funcionó a la perfección.

La mentalidad de Luis Enrique de jugar en campo contrario y presión tras pérdida de balón le funcionó en la segunda mitad, muy condicionado con la desmotivación del equipo croata y el resultado, que hizo que incluso tuviera tiempo para ver a jugadores como Rodri, el relevo generacional de Busquet en la zona de equilibrio. Los otros dos cambios fueron un premio al trabajo durante el partido: Azpilicueta por Carvajal en el lateral derecho sirvió para que todos se rindieran al gran nivel que está el lateral del Real Madrid en este inicio liguero y la entrada de Thiago por Saul, sirvió como premio para que Saúl, en su tierra hiciera otro gran partido, marcando un gol y poniendo trabajo y peligro desde segunda línea. Este cambio también sirvió para ver al Thiago del Bayer de Munich, mucho más activo, participativo y generoso que en otros partidos y más valiente en la toma de decisiones.

De Gea fue un mero espectador en la segunda mitad, aunque en la primera parte el trabajo que tuvo lo solventó con seguridad, dejando latente la mejoría a nivel psicológico de un portero top que necesita España para afrontar el futuro.

La línea defensiva, a pesar de no tener mucho trabajo en el cómputo global del partido, si tuvo dificultades en la zona de inicio, donde se arriesga y no se minimizan los errores y a veces se crean ocasiones rivales tras pérdida rápida de balón. Defecto que también pudimos ver en Wembley y que deberá de trabajar Luis Enrique. No se intenta juego directo con línea de rechace en estas ocasiones o envíos a banda tras arrastre del lateral rival y ruptura del interior. Son cosas que el técnico tendrá que trabajar para darle una seguridad absoluta a la selección, porque en ataque las cosas están funcionando.

Lo que nos deja esta nueva España de Luis Enrique es que sabe analizar los partidos y plantear dudas en el rival y una efectividad fuera de lo común. España consiguió 6 goles de 7 tiros a puerta y 16 lanzamientos en total. También nos deja una nota negativa que hemos venido

analizando, y son las pérdidas de balón, en las que perdió 84 balones frente a los 65 de una Croacia desconocida. Por el contrario, la posesión del balón fue brutal para España, sobre todo en la segunda mitad, con un balance del 71% de posesión y 781 pases.